viernes, 6 de marzo de 2015

BROOKLYN FOLLIES

Título: Brooklyn Follies
Título original: The Brooklyn Follies
Autor: Paul Auster
Editorial: Booket
Núm. páginas: 355

SINOPSIS
Con sesenta años, recién divorciado y recuerándose de una dura enfermedad, Nathan Glass se retira al barrio neoyorkino de Brooklyn, el lugar donde pasó su infancia, en busca de un apacible retiro para los últimos años de su vida y sin más ocupación que la escritura de El libro del desavarío humano, un compendio de historias sorprendentes, de deslices y disparates.
Glass pasa los días frecuentando el café Cosmic Diner, prendado de la camarera; conversando con su recién recuperado sobrino Tom y con el peculiar propietario de la librería donde éste trabaja. El retiro que Nathan había planead se transformará, poco a poco, en un reencuentro con la vida, un canto a la amistad y a la esperanza.

Lo confieso, me he convertido en un fanático de Paul Auster. Hasta este mismo año jamás había leído nada del escritor neoyorkino. Así que como suele ocurrirme me he puesto a leer novelas suyas de un modo casi obsesivo. Brooklyn Follies no es la primera que leo de su bibliografía, pero sí la que más me ha gustado hasta el momento.

Lo primero a destacar es la sencillez de su prosa. No es una novela corta ni tampoco larga, pero se lee con mucha facilidad gracias a su estilo ameno. No hay complicaciones en la narración, que resulta lineal en todo momento: un principio que se desarrolla y que tiene un final, sin más. La historia ayuda a que el desarrollo no tenga dificultad alguna; una trama en apariencia de perfil bajo pero que sin embargo resulta atractiva para el lector. Auster utiliza un vocabulario muy básico que se fomenta en la cotidianidad de los sucesos, haciendo especial hincapié en los detalles, algo habitual en sus narraciones. Son esos pequeños detalles los que hacen avanzar los acontecimientos, siempre revestidos de una humildad que componen un resultado final atrayente.

La historia orbita alrededor de Nathan, quien poco a poco va convirtiéndose en el eje y pilar del resto de personajes. Una especie de catalizador a través del cual de una forma u otra las personas que él aprecia consiguen dejar atrás los fantasmas del pasado. A través de su punto de vista (la novela está narrada en primera persona, la del propio Nathan) se nos va desgranando poco a poco las vidas de gente normal, con problemas normales y relaciones normales. Luchan y ganan. De hecho él mismo también lo consigue. Y todo gracias a los detalles, la coincidencias que tan bien sabe manejar Auster.

Llena de pequeñas historias entrelazadas, otro punto fuerte de la novela radica en los secundarios. Y digo secundarios porque en apariencia lo son aunque en muchos tramos de la historia algunos de ellos llegan a convertirse en los verdaderos protagonistas. En concreto hay dos sin cuya presencia seguramente Brooklyn Follies hubiera acabado siendo una narración fallida: Harry y Tom. Ambos son las dos caras de una misma moneda, la de los sueños de futuro truncados.

La novela es un homenaje a la redención, a las segundas oportunidades. Todos y cada uno de los personajes que viven en la historia son personas que han tenido mala suerte, o han obrado mal, o simplemente no han sabido hacerlo mejor. La primera vez que son nombrados o aparecen en escena, todos y cada uno de ellos lo hacen siendo desgraciados (a diferentes niveles). A base de pequeñas coincidencias, detalles que parecen azarosos pero pretenden esconder el toque invisible del destino van viendo poco a poco cómo sus pecados son redimidos. Se les ofrece un nuevo comienzo, un futuro que era el que imaginaban y que por azares del destino jamás lograron cumplir. Ese es el espíritu del libro, la enseñanza de que por muy mal que puedan ir las cosas siempre se puede volver a empezar. 

Si nunca habéis leído nada de Paul Auster quizás Brooklyn Follies sería una elección excelente para adentrarse en el particular universo de este escritor.


¡¡A más ver, lecturafílicos!!

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