jueves, 24 de marzo de 2016

YORO

Título: Yoro
Título original: Yoro
Autora: Marina Perezagua
Editorial: Los Libros del Lince
Número de páginas: 317

Esta es la primera novela de una autora de culto; y confirma con creces la expectación generada. Yoro es el testimonio inaudito de una mujer que no está dispuesta a aceptar el destino trágico que le ha sido impuesto. La historia de una mujer que lucha contra el mundo, y que logra vencer, pero pagando un precio muy alto.
H, la narradora y protagonista, confiesa en la primera página del libro que ha cometido un crimen. Y en tono desafiante pide al lector que se atreva a leer su historia. Desde Hiroshima en el día de la bomba atómica hasta las minas de coltán y uranio en África, pasando por Nueva York y Japón... la historia recorre en tono vindicativo algunos de los horrores de la historia del mundo. Siempre de la mano de H, la mujer misteriosa, intersexual, cuyo objetivo es encontrar a Yoro, una niña que como ella es víctima de Hiroshima.

Lo primero que encuentra el lector al introducirse en el mundo de Yoro es poesía. Antes que el dolor, antes que el horror e incluso antes que la belleza, la narración poética nos golpea en el rostro nada más abrir la primera página. Marina Perezagua nos regala una novela de una prosa preciosa, onírica, nada común y que es el vehículo perfecto para plasmar con exquisita precisión lo mejor y lo peor del ser humano.

Y es que la novela, debut de la autora sevillana tras los libros de relatos Leche y Criaturas Abisales, es ante todo la historia de la Humanidad. La trama se personifica en H, la protagonista (cuya inicial remite directamente a los sucesos de Hiroshima, pero que también es la primera letra de Humanidad) pero las hebras que interconectan su vida son el devenir de los siglos de horror y crueldad. Como si de la culminación de un plan macabro se tratara, H vive en primera persona los terribles sucesos de Hiroshima, la bomba atómica que es el pistoletazo de salida a las vivencias de la protagonista. Sus peripecias dan pie a imágenes poéticas, sorprendentes pese a ser muchas veces horribles y que deambulan en una escala de colores profunda, mucho más allá de "lo que es blanco o negro". 

Hay dos partes diferenciadas en la novela: el interior y el exterior. El exterior supone la búsqueda de H, su interacción con el mundo. En contraposición a ello también descubrimos la trama del interior, la terrible historia de H y sus sueños truncados, sus deseos más profundos que sabe que son irrealizables, y que pese a ello no puede refrenar el anhelarlos con todo su corazón. Un nacimiento ligado a la primera traición, tal vez de las peores, marca el devenir de la vida de H y su principal fuente de conflictos: la sexualidad, la suya propia. El sexo como nexo de unión de todo lo que sucede en su vida y en la de muchas otras personas, tan ligado a la psique humana en tanto que es el vehículo a través del cual se engendra vida (sin sexo no hay vida), y cómo esa raíz de toda existencia puede pervertirse (la parte final de la novela) o ser acicate en la búsqueda de ser mejores personas. Siempre a través de una narración que raya la pura poesía, con pasajes de una sensibilidad casi dolorosa, que no ofrece una única opinión y que deja en manos del lector la propia comprensión de la obra (tal vez su mayor cualidad).

La ya mentada dualidad dentro-fuera termina por mezclarse, de modo que asistimos a cómo desde el interior de H cambian algunas cosas de su entorno y, sobre todo, a la inversa, cómo la realidad (durísima) termina por modelar poco a poco a la protagonista en algunos aspectos, aunque sus cimientos permanecen inalterables. 

A lo largo de sus trescientas páginas, mientras H se busca a si misma y a Yoro, contemplamos una concatenación de pequeñas historias, sucesos tanto históricos como de personas que se cruzan en la vida de la protagonista que poco a poco van entretejiendo las miserias y grandezas del ser humano (a la postre el verdadero actor de la función). En un tapiz de dimensiones universales H desciende varias veces al infierno humano, deambula entre la peor de las bajezas, de los horrores y las pesadillas que mal nos pese han formado siempre parte esencial del devenir de nuestra propia historia. Y es que H es una persona en concreto, con su particular historia, pero podríamos ser cualquiera de nosotros de haber nacido, por ejemplo, en el Japón previo a la Segunda Guerra Mundial. Pese a que la novela explora sentimientos realmente profundos y muy personales, no resulta difícil identificarse con H; gracias a su narración Marina Perezagua consigue dotar de un realismo casi palpable a todas las vivencias de la protagonista, con quien viajamos en todo momento, sufrimos sus penas, nos alegramos de sus pequeñas victorias. 

El despliegue de figuras retóricas, de imágenes metafóricas, es tan amplio que no lo podemos negar: Yoro requiere de una gran concentración para ser leída, no es una lectura fácil. A cambio de ese esfuerzo la autora nos regala una historia que abre los ojos de una forma tan íntima que puede parecer por momentos que se nos está contando un secreto, el más profundo que alberga el mundo y que sin embargo es por todos conocido: la malsana naturaleza del hombre, un hecho plasmado con tremenda crudeza en la última parte de la novela, cuando se nos despliega el mal con todo su poder, después de haber visto pequeñas píldoras a lo largo de todo el libro, pinceladas (sin contar Hiroshima, transformado en una suerte de fantasma siempre presente a lo largo de la obra) que dejan entrever la tremenda dualidad inerente en la Humanidad. Pero el clímax final de Yoro supone el horror más profundo, del que sin embargo la esperanza consigue salir a flote y brilla pese a la oscuridad.

Porque Yoro es un canto a la vida, en todas su vertientes y bajo muchos prismas diferentes, pero al fin y al cabo un homenaje a quienes continúan viviendo después del horror.


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