martes, 12 de abril de 2016

LA ESPAÑA VACÍA

Título: La España vacía
Título original: La España vacía
Autor: Sergio del Molino
Editorial: Editorial Turner
Número de páginas: 292

Hay dos Españas: una urbana y europea, y una España interior y despoblada. La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía.

Existen muchos tipos de libros: libros que divierten; otros que te hacen llorar, sentir miedo o asombro. Los hay que hacen reflexionar mientras los lees bajo la luz de una lámpara o desafiando al inclemente viento bajo un árbol. Hasta pueden excitarte a través de las palabras. Pero existe otro tipo de libros, tal vez los menos comunes, que el tiempo y las modas se han encargado de, injustamente, hacer olvidar que la literatura también puede enseñar. Y precisamente ese espíritu didáctico, la tremenda capacidad de enseñar, es el material del que impregna por completo La España vacía, primer ensayo del escritor y periodista Sergio del Molino.

Es didáctica porque invita a comprender, a realizar un ejercicio de comprensión del mundo rural y el constante desprecio al que se ha visto sometido desde que la historia empezó a escribirse en las ciudades. Desde los romanos hasta el mismo siglo XXI. Se nos desgranan capítulos de la historia más reciente de España a través de una prosa ligera y amena, que te introduce en la historia (nunca mejor dicho) al tiempo que comprendes las causas que unida a la inercia del paso del tiempo fueron construyendo esa España partida entre el páramo y la urbe. Si mis profesores de historia hubieran tenido la capacidad del autor para entretener jamás habría dejado las clases.

Pero es ante todo un retrato de lo que en el ensayo se denomina el Gran Trauma: la bestial huida de campesinos a la ciudad durante las décadas de los 50 y 60 del siglo XX. Sergio del Molino elabora una minuciosa disección del fenómeno y lo que supuso para un país que no fue capaz de absorber ese antinatural flujo de emigración (en el caso del campo) e inmigración (en el de las ciudades), una losa que todavía nos pesa en la actualidad. Se repasan varios mitos que ayudan a entender que lo que creemos un trayecto lógico viene de muy lejos y que culmina con la obsesión de Franco por inundar valles y dejar bajo varios metros de agua centenares de pueblos cuyos habitantes eran desalojados poco menos que a patadas. Porque los campesinos eran paletos, se les consideraba poco menos que unos salvajes y La España vacía trata de explicar los porqués.

Al principio del libro podemos leer la frase: “España tiene mucho que digerir y muy poco estómago”, el leimotiv que sobrevuela todas las páginas. La España vacía pretende ser una suerte de fórceps con el que estirar ese estómago y tratar de empezar una digestión que como bien dice el autor todavía ni siquiera ha empezado. Es la percepción de quien ha visitado esos parajes rurales, ha hablado con sus gentes; es también el recuerdo de quien tiene el pasado en esa España rural, como la inmensa mayoría de los habitantes del país.

El campo y la ciudad nunca se han entendido y lo que es peor, no ha habido intentos serios por remediar esa incomunicación. Sergio (si el autor me permite la familiaridad) se vale de innumerables viajes ejerciendo su faceta periodística (cuyas anécdotas se dejan caer a lo largo de las páginas) durante los cuales el contacto con los habitantes de esa “España vacía” van conformando todo un tapiz sobre el cual crece el ensayo. También se vale el autor de opiniones externas para conformar ese retrato del mundo rural; autores como Delibes o Llamazares, el cine de José Luis Cuerda y sobre todo de Buñuel. Tiene serias desavenencias con Unamuno (hasta reconoce haber discutido en voz alta con él) y en general rechaza buena parte de lo escrito y dicho sobre el campo. 

También se sirve a través de la música o incluso de la crónica negra (tema de importancia para explicar la desconfianza con la que se mira en la actualidad al mundo rural) para terminar de tejer una realidad que pese a sufrir ligeros cambios permanece inalterable en su esencia desde hace siglos.

Porque tal vez lo más importante que se puede extraer de La España vacía es constatar que a lo largo de los siglos la voz del campo nunca ha sido escuchada, no se les ha permitido a sus protagonistas ser los narradores de su propio mundo y tal vez por ello la heterofobia se hizo un hueco en sus casas de piedra.


Tal vez ha llegado el momento de cederles la palabra.

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