jueves, 22 de septiembre de 2016

TODO ESTÁ BIEN

Título: Todo está bien
Título original: Todo está bien
Autor: Daniel Ruíz García
Editorial: Tusquets Editores
Número de páginas: 208


Una noche de victoria electoral, un consejero de Fomento, bien situado para liderar el partido, eufórico y con exceso de alcohol, quiere rematar la noche contratando los servicios de una prostituta. Entre las brumas de la resaca del día siguiente, recuerda que ha perdido la cartera y el teléfono móvil, y que seguramente la prostituta era un travesti. Los mundos de ambos van a colisionar por un azar imprevisto, y sobre todo por la intervención de un bloguero que quiere conseguir una noticia de impacto en las redes sociales.

Corrupción política, sexo, drogas y personajes sin escrúpulos. Unos ingredientes ideales para cualquier película de acción, solo que en esta ocasión vienen en forma de letras y bajo el título de Todo está bien, la última novela de Daniel Ruíz García, que nos presenta una sátira con tintes de denuncia sobre el mundo de la política y todo lo que la rodea. La trama, sencilla, sirve de estructura, de soporte sobre el cual desfilan unos personajes que encarnan buena parte de los estratos sociales del país tanto por arriba como por abajo, protagonistas de pequeñas historias que se entremezclan en un final delirante y que sirve también de advertencia acerca del poder de las redes sociales.

La acción nos traslada a un lugar indeterminado de España pero que podría ser cualquiera a juzgar por lo que allí, en ese lugar inconcreto, acaece: un miembro del partido que gobierna la región se ve envuelto en un problema que deja salira a la luz alguno de los aspectos turbios de la vida política. Si bien se trata de una ficción, el tema tratado no deja de ser atrayente a causa de la sempiterna leyenda acerca de los "circulos privados de poder" y todo lo que en ellos ocurre. No han sido pocas las veces en las que ha saltado el escándalo al airearse ciertas prácticas o hábitos de la clase poderosa (política o burguesa), lo que ha ayudado a alimentar ese estigma (el cual es probable que sea cierto en la medida que lo es en todas las capas de la sociedad). 

Lo realmente interesante es descubrir cómo a través del humor el autor de Todo está bien desgrana las miserias humanas y lo fácil que la codicia deambula en las altas esferas: cuando mayor es el poder, mayores las locuras y estupideces por mantenerlo.

El libro está estructurado en capítulos cortos, que hacen ágil la lectura y casan perfectamente con el tono de la novela, que es rápida y sin tiempo para coger aire, como la propia trama demanda. Los protagonistas son llevados al límite (alguno de ellos), prisioneros de sus propios pecados y que finalmente se resignan a ser meras marionetas de una función que les viene demasiado grande.

Al leer el estilo crudo y seco que se destila de la prosa de Todo está bien me vinieron a la mente dos escritores, Juan Madrid y Francisco Casavella y su El día del Watusi; con el primero comparte historias cortas, directas al grano y por la que desfilan personajes perdedores y oscuros que se entrecruzan por casualidad con los triunfadores. Con Casavella comparte esa intromisión sin tapujos en los mecanismos del poder, los entresijos de la política, si bien en Todo está bien sólo se roza de manera superficial. En la retina del lector queda la horrible sensación de podedumbre social, la penosa certeza de vivir en un mundo corrompido que más nos vale tomarnos con humor sin que ello nos haga perder la perspectiva de las cosas.

Una novela que es de tremenda actualidad y que sin duda con los años seguirá teniéndola.

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