jueves, 9 de febrero de 2017

AÑOS LENTOS

Título: Años lentos
Título original: Años lentos
Autor: Fernando Aramburu
Editorial: Tusquets Editores
Número de paginas: 217

En la década de los sesenta, un niño de ocho años se va a vivir con sus tíos a San Sebastián, donde es testigo de cómo transcurren los días en el barrio y en la familia. Poco imagina el quiebro que sufrirá el destino de quienes le rodean: su tío Vicente, que reparte su vida entre la fábrica y la taberna; su tía Maripuy, mujer fuerte y muy religiosa; su prima Mari Nieves, obsesionada con los chicos, y su hosco primo Julen, que acabará enrolándose en ETA. Sus vidas se convierten en memoria colectiva, mientras el relato trasluce un fondo turbio de culpa en la historia reciente del País Vasco.


Uno de los nombres propios de 2016 y lo que llevamos de 2017 en el panorama literario español es sin duda el del escritor vasco Fernando Aramburu. En un mercado cada vez más feroz, efímero y canibalizado por las estrategias de marketing, la aparición de Patria ha supuesto todo un fenómeno que se ha valido más del boca a oreja que no de la propia promoción -de la cual sin duda ha dispuesto como título de una de las grandes editoriales- y que se ha alzado como una de las novelas que más está gustando a los lectores y críticos de todo el país.

Sin embargo Aramburu no es un advenedizo en la literatura: una larga trayectoria le avala desde hace más de dos décadas. Antes de su actual éxito otras historias fueron plantando lo que ahora vemos que fueron las semillas de Patria. Una de ellas es la historia que nos ocupa en este artículo.

Años lentos supuso tal vez el primer gran reconocimiento para el autor, que ganó el VII Premio Tusquets en 2011 con esta pequeña historia que navega a medio camino entre la autobiografía y la ficción -algo que está muy en boga últimamente-, una difusa línea que no termina de aclararse y que sirve de herramienta a Aramburu para hacer lo que mejor sabe: ficcionar sobre la realidad  del relato vasco, su sociedad y su historia más reciente; siempre desde su privilegiado punto de vista y que no es otro que el de quien ha vivido durante años en Euskadi.

La novela se estructura alrededor de lo que el autor quiere presentar como los apuntes para la propia historia que narra el libro y que se intercala periódicamente -lo que queda recogido en capítulos nombrados como apuntes-; estos episodios son un curioso obsequio de Aramburu a sus lectores, una pequeña muestra de cómo trabaja a la hora de confeccionar una historia y una suerte de mecanismo a través del cual se crea una complicidad mutua. Vienen a ser como pequeños apéndices que amplían la pequeña historia que se narra en Años lentos, unos apuntes al margen del libro de texto de un estudiante.

La gran razón de ser e interés de Años lentos radica en cómo se narra la sinuosa forma en la que se gestó la creación de ETA; cómo se fue creando todo un movimiento ideológico y social que, apoyado por algunos sectores de la sociedad vasca, fue tomando protagonismo mientras la población se veía obligada a tener que escoger un bando en una separación que los dividía sin remedio. Aramburu es muy cauteloso al narrar estos hechos, y por eso se toca el tema de un modo muy colateral -quien sabe si por no crear excesiva polémica-, sin que por ello quede relegado a un mero asunto secundario. En realidad durante toda la trama planea esa sensación de conflicto violento, en algunos diálogos, en algunos comportamientos; el autor consigue crear esa atmósfera opresiva en la que cualquiera puede comprender que sirviera de caldo de cultivo para lo que terminó sucediendo.

Existe en Años lentos una sensación de disculpa. Quizás sea sólo una apreciación, pero esa impresión es por lo menos plausible. Disculpa velada en nombre de quienes tal vez no supieron alzar la voz cuando aquel movimiento terrorista apenas daba sus primeros pasos; disculpa velada por no saber apagar aquel pequeño fuego que más tarde se convertiría en un horrible incendio. Al mismo tiempo Aramburu quiere mostrar cómo era la sociedad vasca de los últimos años del franquismo, Nos muestra el poder de las ideologías, que emanaba -al menos en la novela- de la rama eclesiástica en una sociedad que vivía sus propias penalidades, que creaba desarraigo y odio en los jóvenes y que sirvieron a la banda terrorista para reclutar a sus primeros miembros. Es un retrato veraz y desprovisto de sensacionalismo o morbo alguno. Aramburu narra lo que ocurría, cómo ocurría y por qué ocurría. Con todas sus consecuencias tanto para las familias, conocidos, vecinos... todos tuvieron que lidiar con aquellos hechos.

Son hechos gigantescos narrados en escenarios pequeños, es un relato intimista que da fuerza a las acciones de un modo poderoso, real. Gracias al particular estilo narrativo es fácil adentrarse en la historia y aceptar a los personajes como reales. Porque lo fueron: con otros nombres, con otras desventuras, pero con el mismo miedo, dolor y culpabilidad que durante tantos años martirizó a la sociedad vasca y de cuya oscuridad aún intentan dejar atrás hoy en día.

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